
Factores que más influirán en el precio de la luz en 2026
Normalización del precio del gas, aumento de la demanda eléctrica, mayor peso de las energías renovables, la inversión en redes y el despliegue de baterías son algunos de los factores que más influirán en el precio de la luz en 2026.
2026 no va a ser un año cualquiera para el sector eléctrico. No porque vaya a llegar con un gran titular inmediato en la factura, sino porque confluyen varios cambios de fondo que llevan tiempo gestándose y que, poco a poco, empiezan a notarse en lo que se paga cada mes. Algunos serán visibles desde el primer recibo. Otros pasarán más desapercibidos, pero acabarán siendo igual de importantes. Para entender qué puede pasar con el precio de la luz en 2026 hay que mirar más allá del recibo y fijarse en tres grandes fuerzas que están reordenando el sistema eléctrico: la evolución del precio del gas, el crecimiento sostenido de la demanda eléctrica y el papel cada vez más central de las energías renovables… y del almacenamiento.
Un precio del gas más bajo cambia las reglas del juego
El primer gran factor es el gas. Los mercados llevan meses anticipando algo que hace solo dos años parecía impensable. Es decir, una normalización de los precios del gas hacia niveles previos a la guerra de Ucrania. No se trata de precios excepcionalmente bajos, sino de volver a un escenario más estable, similar al de antes de 2021. Esto es clave porque, aunque España tenga cada vez más renovables, el gas sigue marcando el precio en muchas horas del año, especialmente en invierno y durante la noche. Cuando una central de gas entra en el sistema, fija el precio para el resto. Si el gas se abarata de forma estructural, el “suelo” del precio de la electricidad también baja. Importante para los bolsillos de todos los consumidores.
El efecto se nota sobre todo en las tarifas variables, que reflejan directamente lo que ocurre en el mercado. No significa que la luz vaya a ser barata todo el tiempo, pero sí que desaparece uno de los grandes factores de tensión que hemos arrastrado desde la crisis energética.

Factores que más influirán en el precio de la luz en 2026 (20 de enero de 2026)
Más demanda eléctrica: coches, bombas de calor y centros de datos
El segundo gran cambio es el aumento de la demanda. España va a consumir más electricidad, no menos. La electrificación avanza de forma clara: más coches eléctricos, bombas de calor sustituyendo calderas de gas y, además, los grandes centros de datos empiezan a ganar cada vez más terreno. Estos proyectos necesitan enormes cantidades de energía y buscan países con renovables abundantes y precios competitivos. España cumple ambas condiciones, pero más demanda implica más presión sobre el sistema eléctrico y, sobre todo, sobre las redes. Por eso, hay que hacer una mayor inversión en ellas. Para absorber consumo y más generación renovable hacen falta redes más robustas, modernas y flexibles. Y eso tiene un coste que se empieza a reflejar, de forma gradual, en los peajes regulados que todos pagamos.
Renovables: abundancia… y precios que empiezan a ajustarse
Durante 2024 y 2025 hemos vivido algo inédito en España. Precios muy bajos, e incluso negativos, en las horas solares. Una situación excelente para el consumidor a corto plazo, pero difícil de sostener si se prolonga en el tiempo. En 2026 se empezará a ver un cambio gradual. No un vuelco brusco, sino señales. El aumento de la demanda y la entrada progresiva de baterías a gran escala permitirán aprovechar mejor esa energía solar que antes sobraba. Parte de la electricidad producida al mediodía se desplazará a otras horas. Eso hará que los precios en las horas solares tiendan a recuperarse ligeramente.
Paradójicamente, puede ser una buena noticia para el autoconsumo. No porque suba la factura, sino porque mejora el valor económico de producir tu propia energía. El sistema empieza a buscar un equilibrio más razonable entre abundancia renovable y sostenibilidad económica.

Factores que más influirán en el precio de la luz en 2026 (20 de enero de 2026)
2026: el año del despegue de las baterías (pero no en casa)
Otro de los grandes cambios de 2026 será el almacenamiento. Las baterías empiezan a desplegarse de forma masiva, sobre todo asociadas a grandes plantas solares. Esto permitirá algo que hasta ahora apenas ocurría en España: usar energía solar por la noche de forma significativa. Este cambio no se traduce de manera inmediata en una bajada concreta en la factura doméstica, pero sí mejora el funcionamiento del sistema en su conjunto. Más almacenamiento implica menos picos de precio, menos dependencia del gas y mayor estabilidad. Y eso, a medio plazo, se refleja en una factura menos volátil. Eso sí, conviene aclarar algo… el despliegue rentable de baterías domésticas aún está lejos. El salto se produce primero a nivel industrial y de sistema. El impacto para el consumidor llegará después.
Entonces… ¿qué notará el consumidor en 2026?
No habrá una línea nueva espectacular en la factura ni un cambio radical de un mes para otro. Lo que sí habrá es una factura cada vez más condicionada por el momento del consumo. Las tarifas variables seguirán ganando protagonismo porque reflejan mejor un sistema dominado por renovables. Las tarifas fijas seguirán existiendo, pero incorporarán cada vez más prima de riesgo. También será una factura más influida por decisiones estructurales: inversión en redes, costes de ajuste, almacenamiento. Elementos que no dependen tanto del mercado diario, pero que son imprescindibles para que el sistema funcione. El reto para el consumidor no será tanto cuánto cuesta la luz, sino entender cuándo cuesta menos y por qué. Porque la energía del futuro no solo se consume. Se gestiona.
4. Otros costes: Sobre los conceptos anteriores añadimos otros costes directos, como la aportación al fondo de eficiencia energética, la financiación del bono social, el coste de adquisición de los certificados de origen de la energía 100% renovable, la tasa del 1,5% sobre el coste de la energía consumida a precio de mercado y el alquiler del contador que nos factura la distribuidora correspondiente.