
Señales de que el fin de la crisis energética todavía no está cerca
El fin de la crisis energética aún no parece cerca. Ormuz, el petróleo y la tensión global son solo algunas de las señales de que el mercado está todavía lejos de normalizarse.
La crisis energética ha dejado de ser solo una cuestión de precios. Durante semanas, todo el mundo ha estado pensando en cuánto cuesta llenar el depósito, cómo evoluciona el petróleo o qué efecto puede tener una tregua sobre los mercados. Sin embargo, detrás de esas cifras hay una pregunta mucho más importante, ¿vuelve realmente a estar garantizado el suministro? Aunque España, por sus propias características está mejor situada que otros países, ahí es donde comienzan algunas de las siguientes dudas.
El bloqueo del estrecho de Ormuz, la limitada capacidad de las rutas alternativas, la competencia global por los mismos barriles y las primeras restricciones en algunos países muestran que el escenario sigue lejos de normalizarse. España cuenta con más margen que otros países de su entorno gracias a sus infraestructuras, sus refinerías y el peso creciente de las renovables. Pero margen no significa inmunidad. Estas son algunas de las señales que indican que el final de la crisis energética todavía no está tan cerca como parecía.
¿Por qué el fin de la crisis energética todavía no está cerca?
Las treguas no han conseguido calmar a los mercados
La primera señal es evidente… Y es que las treguas no han terminado de devolver la normalidad. Hace algunas semanas se esperaba que el cese de los ataques ayudara a rebajar los precios y facilitara la reapertura del estrecho de Ormuz, uno de los puntos más sensibles del comercio mundial de petróleo y gas. Sin embargo, la situación sigue bloqueada y no parece haber una solución inmediata. Así, lo que pasa es que, en energía, la incertidumbre también se paga.
El precio del petróleo sigue mandando señales de tensión
A estas alturas todo el mundo debería saberlo. El precio del petróleo (del gas o de la luz) funciona como un termómetro. Cuando sube o se mantiene en niveles altos, está enviando el mensaje de que los compradores siguen viendo riesgo. Eso es lo que hace especialmente delicado el momento actual en el que se mantienen estables, pero altos. El mercado ya no parece reaccionar solo a una noticia puntual, sino a la posibilidad de que la crisis dure más de lo previsto.
Los nuevos barriles ya no bastan para satisfacer la demanda
Otra señal está en la diferencia entre los anuncios y las magnitudes reales. Cuando la OPEP o determinados productores anuncian que van a aumentar la producción, la noticia puede sonar positiva. Y lo es, en parte. Pero si el suministro perdido se mide en millones de barriles diarios, añadir unos cientos de miles no cambia por sí solo el equilibrio del mercado. Ayuda, pero no resuelve. Es como intentar compensar una fuga importante con un pequeño refuerzo. Puede aliviar algo la presión, pero no sustituye todo lo que se ha perdido.

Señales de que el fin de la crisis energética todavía no está cerca – La Roca de La Sexta (3 de mayo de 2026).
El estrecho de Ormuz no tiene un sustituto real
Existen rutas alternativas para sacar petróleo de la región sin pasar por el estrecho de Ormuz. Algunos países cuentan con oleoductos que permiten desviar parte del suministro hacia otras salidas. Sin embargo, su capacidad es limitada. Estos bypasses energéticos son útiles, pero no pueden reemplazar por completo una ruta por la que circula habitualmente el 20% del petróleo mundial. Sirven para amortiguar el golpe, pero no para borrar el problema. Mientras Ormuz no vuelva a funcionar con normalidad, el mercado seguirá tensionado.
En algunos países ya no es solo una cuestión de precio
En España, de momento, la crisis se nota sobre todo en los precios. Llenar el depósito cuesta más, transportar mercancías se encarece y la energía vuelve a ocupar un lugar central en la economía doméstica. Mientras, en otros países, la situación ya ha pasado a otra fase: límites de combustible, restricciones de consumo o dificultades para garantizar determinados suministros. Eso demuestra que la crisis no es solo una hipótesis de mercado. Ya tiene efectos reales.
España tiene margen, pero no una burbuja energética
España cuenta con algunas ventajas importantes: una buena red de oleoductos, refinerías flexibles y una mayor presencia de renovables que otros países de su entorno. Todo eso le da margen, pero margen no significa inmunidad. Aunque el problema no nazca aquí, puede acabar encareciendo también los suministros que llegan a España. La energía funciona como un mercado global. Así, cuando falta en un punto, todos compiten por encontrarla en otro.

Señales de que el fin de la crisis energética todavía no está cerca – La Roca de La Sexta (3 de mayo de 2026).
La transición energética no se improvisa
Cambiar el modelo energético de un país no es algo que se haga en unas pocas semanas. España ha avanzado en renovables, autoconsumo y electrificación, pero todavía depende de combustibles fósiles en sectores clave como el transporte, aviación, industria o gran parte de la logística. Esa dependencia no desaparece porque suba el petróleo o porque se cierre una ruta estratégica. Por eso, cuando llega una crisis, las soluciones estructurales que no se han desplegado antes ya no pueden improvisarse. Llevan más tiempo de lo pensado.
El fin de la crisis que todavía no está cerca
La crisis energética no terminará solo porque haya una tregua, porque se anuncien más barriles o porque existan rutas alternativas. Terminará cuando el mercado vuelva a confiar en que el suministro está garantizado y los precios dejen de reflejar miedo a una escasez prolongada. Y eso, por ahora, no está ocurriendo. España está mejor preparada que otros países europeos, pero no vive al margen del mercado global. Si la tensión continúa, también acabará notándolo.
Por eso, más allá de la coyuntura internacional, la lección vuelve a ser la misma… Cuanta menos dependencia se tenga de los combustibles fósiles, menos vulnerables se será ante cada crisis energética. Más renovables, autoconsumo, eficiencia y electrificación no son solo una respuesta ambiental. También son una forma de proteger la economía, hogares y la seguridad energética.

4. Otros costes: Sobre los conceptos anteriores añadimos otros costes directos, como la aportación al fondo de eficiencia energética, la financiación del bono social, el coste de adquisición de los certificados de origen de la energía 100% renovable, la tasa del 1,5% sobre el coste de la energía consumida a precio de mercado y el alquiler del contador que nos factura la distribuidora correspondiente.