
La temperatura de la calefacción en casa durante el invierno: mitos y realidades
La temperatura de la calefacción en invierno influye directamente en el confort, el consumo energético y la factura mensual. Ajustarla correctamente permite un hogar acogedor sin gasto innecesario. Además, pequeños hábitos y un buen uso del termostato mejoran la eficiencia y el confort.
Cada invierno se repiten las mismas dudas en miles de hogares: si lo normal es ir en manga corta dentro de casa, si todo el mundo necesita la misma temperatura para estar cómodo, si conviene dejar la calefacción encendida todo el día para que la vivienda no se enfríe, si el termostato sirve únicamente para subir o bajar grados o si, al final, la temperatura lo es todo cuando hablamos de confort. Preguntas que parecen sencillas esconden decisiones importantes: cada grado que subimos el termostato tiene un impacto real en nuestra factura, y pequeños cambios en hábitos cotidianos pueden marcar la diferencia entre gastar de más o mantener un hogar acogedor sin derrochar energía.
La calefacción sigue rodeada de ideas que se asumen como verdades incuestionables, pero que no siempre resisten un análisis sencillo desde el punto de vista del confort, del consumo y del sentido común. Por eso, merece la pena parar un momento, reflexionar sobre cómo usamos la energía en casa y revisar lo que realmente importa: separar, de una vez por todas, mitos de realidades, entender cómo funcionan nuestros sistemas de calefacción y descubrir que con ajustes simples podemos ahorrar, sentirnos cómodos y ser más eficientes al mismo tiempo.
Mito 1: En invierno también hay que ir en manga corta dentro de casa
No. Y, además, es profundamente ineficiente. La temperatura de confort en invierno se sitúa, de forma general, en torno a los 21ºC. A partir de ese punto, el bienestar apenas mejora, pero el consumo sí aumenta de forma muy clara. De hecho, por cada grado que se sube el termostato, el gasto en calefacción crece de media alrededor de un 7 %.
Poner la calefacción a 25 o 26 ºC no convierte la casa en un espacio más confortable, solo en uno más caro de mantener. El cuerpo humano se adapta perfectamente a una temperatura razonable si la vestimenta acompaña. Un jersey ligero y una calefacción bien ajustada aportan mucho más confort real que intentar recrear el verano en pleno enero.
Mito 2: La temperatura de confort de la calefacción es la misma para todo el mundo
Tampoco. La llamada temperatura ideal no es una cifra matemática cerrada, sino una referencia orientativa. Existen pequeñas diferencias fisiológicas. Algunas personas, especialmente mujeres o niños, pueden necesitar algo más de temperatura para sentirse cómodas, mientras que otras se encuentran bien con algo menos. Eso sí, tampoco es que haya una gran diferencia. Son ajustes mínimos, de medio grado o un grado como máximo. Por tanto, el problema no está en afinar la temperatura al máximo, sino en excederse de forma sistemática, pensando que más calor equivale a más confort. No es así.
Mito 3: Es mejor dejar la calefacción encendida todo el día a la misma temperatura
Uno de los mitos más extendidos y, también, el más costoso. Desde el punto de vista energético y económico, no compensa dejar la calefacción encendida cuando no estamos en casa. Ni siquiera, aunque la ausencia sea de solo unas horas. Mantener una temperatura constante durante todo el día implica un consumo continuo que no se justifica cuando la vivienda está vacía. La clave está en entender cómo funciona cada casa. Algunas se calientan en apenas media hora; otras necesitan algo más de tiempo. Esa es la llamada inercia térmica, y conocerla permite usar la calefacción con mucha más inteligencia. No se trata de pasar frío, sino de encender la calefacción cuando realmente hace falta y durante el tiempo necesario para recuperar el confort.

La temperatura de la calefacción en casa durante el invierno: mitos y realidades – La tarde de COPE (13 de enero de 2026).
Mito 4: el termostato solo sirve para subir y bajar la temperatura
No, el termostato es una de las herramientas más eficaces para controlar el consumo… y también una de las más infrautilizadas. Tomar los 21ºC como referencia general es un buen punto de partida, pero igual de importante es dónde está colocado el termostato y cómo se gestiona. Un dispositivo mal ubicado, por ejemplo, en una zona muy soleada o con corrientes de aire, puede ofrecer lecturas engañosas y provocar un consumo innecesario. Además, ajustar la temperatura por franjas horarias y evitar calentar estancias que no se utilizan es una de las decisiones más sencillas y efectivas para mejorar la eficiencia. No tiene sentido mantener a 21ºC una habitación vacía durante todo el día si basta con encender la calefacción un poco antes de usarla.
Mito 5: La temperatura lo es todo para asegurar en confort térmico
No, no lo es. La temperatura es solo una parte de la ecuación del confort térmico. Se puede tener el termostato perfectamente ajustado y, aun así, gastar más de lo necesario si el calor se pierde por otros puntos de la vivienda o si el sistema no funciona correctamente. Puertas y ventanas mal selladas, radiadores sin purgar o cubiertos por muebles, o incluso hábitos cotidianos como secar la ropa sobre ellos, hacen que la calefacción trabaje más de la cuenta para mantener la misma temperatura. Pequeñas acciones de mantenimiento y sentido común pueden marcar una gran diferencia sin necesidad de grandes inversiones.
Mito 6: eficiencia, sostenibilidad y confort no pueden ir de la mano. Son incompatibles
Ahorrar energía no significa pasar frío. Significa usar la calefacción con criterio. La temperatura ideal en invierno no es la que nos permite estar en manga corta, sino la que garantiza un confort razonable, evita consumos innecesarios y mantiene la factura bajo control. Ajustar bien el termostato, entender cómo se comporta nuestra vivienda y adoptar hábitos eficientes son pasos sencillos que tienen un impacto directo y duradero. En Próxima Energía creemos que la mejor energía es la que no se desperdicia. Y todo empieza por algo tan simple, y tan mal entendido, como saber a cuántos grados poner la calefacción en invierno.
4. Otros costes: Sobre los conceptos anteriores añadimos otros costes directos, como la aportación al fondo de eficiencia energética, la financiación del bono social, el coste de adquisición de los certificados de origen de la energía 100% renovable, la tasa del 1,5% sobre el coste de la energía consumida a precio de mercado y el alquiler del contador que nos factura la distribuidora correspondiente.