
Efecto del calor extremo en la red eléctrica: cómo aumenta la demanda y también el precio
Y ahora empezarán a venir las facturas… No ha sido la más larga, pero sí de las más duras que se recuerdan… Del 3 al 18 de agosto van 16 días y esa es la tercera ola de calor de mayor duración desde que hay registros. No todas son iguales ni tienen las mismas características. Algunas destacan por intensas, otras por extensas y otras por persistentes. La última lo ha hecho por los tres aspectos simultáneamente y lo peor de todo es que prácticamente nadie se ha librado. Las consecuencias han sido evidentes. Sin embargo, hay una que a menudo pasa desapercibida y es la factura eléctrica. ¿Por qué siempre sube el precio de la luz cuando más se necesita? Es decir, justo en el momento en el que hay que encender el aire acondicionado. Efecto del calor extremo en la red eléctrica.
¿Por qué aumenta la demanda de electricidad durante las olas de calor?
No hay duda. Las olas de calor no solo se sienten en la piel, también se notan, y mucho, en la red eléctrica. Cada vez que los termómetros se disparan, lo hace también la demanda de electricidad. Es casi automático, más horas de aire acondicionado, más ventiladores encendidos, más neveras trabajando al máximo para no perder frío… y como consecuencia, más presión sobre un sistema que tiene que responder sin fallar en los momentos más críticos. Pero no solo es cuestión de las casas. Oficinas, comercios, hospitales y hasta el transporte público urbano requieren más energía en jornadas de calor extremo. La climatización es un servicio básico que no puede detenerse, y eso genera picos de consumo muy por encima de lo habitual.

Efecto del calor extremo en la red eléctrica (26 de agoto de 2025).
Sin embargo, esto no ocurre desde el primer día. Lo normal es que el consumo se dispare, sobre todo, a partir del tercer día consecutivo de ola de calor. ¿El motivo? Las viviendas y edificios acumulan calor, los sistemas de climatización necesitan más tiempo y potencia para enfriar, y los equipos funcionan durante más horas. Ese efecto inercia multiplica la presión sobre la red en los momentos más críticos. En ciudades donde las temperaturas superan los 40°C, un solo aparato funcionando seis horas al día puede disparar el gasto eléctrico. Y cuando esto ocurre de forma simultánea en millones de viviendas, la curva de demanda se eleva de golpe.
Consecuencia del efecto del calor extremo en la red eléctrica y el precio
El sistema eléctrico bajo presión
Estos picos de demanda llegan además en un momento delicado. Con tanto calor, las renovables no siempre rinden al máximo. Los paneles solares pierden eficiencia cuando la temperatura sube demasiado y el viento suele escasear en pleno verano. Esto obliga a recurrir con más frecuencia a centrales de respaldo como los ciclos combinados de gas. El resultado es una red eléctrica que funciona al límite y con un coste más alto, porque el gas es caro y contamina más.
Consecuencias para los consumidores
Eso sí, también hay consecuencias para el consumidor y la primera es la más evidente. Se nota y de qué manera en la factura de la luz. En los días de calor extremo, el precio del mercado eléctrico tiende a repuntar porque la oferta barata de renovables puede no bastar para cubrir la demanda. Así, las horas más críticas coinciden con los momentos en los que más necesitamos encender el aire acondicionado, lo que multiplica el gasto en los hogares con tarifas variables. Además, la sobrecarga del sistema incrementa el riesgo de apagones o de que Red Eléctrica tenga que activar medidas de refuerzo. Y eso significa más uso de gas y, por tanto, más emisiones de CO₂, justo lo contrario de lo que debería ocurrir en plena transición energética.

Nuevos hábitos y planificación en las olas de calor
Aunque el calor no se puede controlar, evidentemente, sí se puede gestionar mejor la demanda. Ajustar el uso del aire acondicionado a las horas de menor precio, mejorar el aislamiento de los edificios o instalar toldos y persianas ayuda a reducir el consumo en los picos más caros. A medio plazo, soluciones como el almacenamiento energético y la gestión flexible de la demanda serán clave para que la red pueda responder a olas de calor cada vez más frecuentes. El calor extremo no es solo un reto climático, también es un desafío eléctrico. Y la forma en la que se afronte marcará la diferencia entre un sistema sostenible y uno permanentemente al borde del colapso.
4. Otros costes: Sobre los conceptos anteriores añadimos otros costes directos, como la aportación al fondo de eficiencia energética, la financiación del bono social, el coste de adquisición de los certificados de origen de la energía 100% renovable, la tasa del 1,5% sobre el coste de la energía consumida a precio de mercado y el alquiler del contador que nos factura la distribuidora correspondiente.