
Posibles consecuencias energéticas de la guerra en Irán
Estas son las posibles y más que previsibles consecuencias energéticas de la guerra en Irán y cómo el bloqueo del estrecho de Ormuz podría afectar al petróleo, el gas y los precios tanto en España como en el resto de Europa.
Se veía venir. Desde el sábado, el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz, la salida natural del Golfo Pérsico permanece cerrado a los barcos civiles. No es un detalle técnico ni una noticia más en la sección internacional entre la ingente cantidad de informaciones que están surgiendo desde que comenzaron los ataques. Sin duda, es uno de los puntos más sensibles del sistema energético global. Por ese paso marítimo transita cada día aproximadamente el 20% del petróleo y del gas natural del mundo. ¡Uno de cada cinco barriles de crudo!
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El ataque iraní a un petrolero frente a la costa de Omán, con varios marineros heridos y la tripulación evacuada, ha marcado un antes y un después en la escalada. Teherán ha demostrado capacidad real para amenazar la navegación en la zona y dispone de múltiples herramientas para hacerlo como minas, torpedos, baterías móviles de misiles… Es muy clara la señal que quieren enviar a los mercados. El suministro energético mundial puede verse comprometido. Y cuando se pone en cuestión el suministro, lo primero que reacciona es el precio.
¿Qué puede pasar con el petróleo y el gas?
La apertura de los mercados puede traer subidas muy intensas. Ya se habla de incrementos espectaculares e incluso de escenarios en los que el precio del crudo Brent y del gas natural en Europa podría multiplicarse si el bloqueo se consolida. La sola expectativa de que se interrumpa un flujo equivalente al 20% del comercio mundial de hidrocarburos genera una presión inmediata al alza.
Ahora bien, la clave no es solo la magnitud del cierre, sino su duración. Si Estados Unidos e Israel logran neutralizar rápidamente la capacidad de amenaza iraní en la zona y garantizar la seguridad de la navegación, podríamos estar ante unos días de tensión extrema seguidos de una corrección relativamente rápida. Los mercados energéticos son muy sensibles a la geopolítica, pero también reaccionan con rapidez cuando perciben que el riesgo disminuye.
El problema aparece si la situación se prolonga. Nadie puede sustituir de la noche a la mañana el 20% del crudo y del gas que atraviesa Ormuz. Es cierto que existen productores relevantes fuera de esa ruta. Como Estados Unidos, Canadá y otros países con salidas alternativas, y que el mercado internacional de crudo se encuentra actualmente bien abastecido. Pero el volumen que se mueve por ese estrecho es estructural. Si el bloqueo se sostiene, el impacto económico puede ser más grave que otras crisis energéticas recientes.

Posibles consecuencias energéticas de la guerra en Irán – Antena 3TV Noticias Fin de semana (1 de marzo de 2026).
El impacto del cierre del estrecho de Ormuz en Europa
Europa observa la situación con preocupación creciente. La escalada ya ha tenido derivadas directas en el continente, con el lanzamiento de misiles hacia Chipre, interceptados con éxito, y las bases británicas en alerta. La Comisión Europea ha reconocido que una espiral de violencia en la zona no solo tendría implicaciones en materia de seguridad, sino también económicas. El principal foco de vulnerabilidad está en el gas. En el norte de Europa, las reservas se encuentran por debajo de lo habitual para esta época del año, casi al límite.
Si la guerra se prolonga, la reposición de esas reservas de cara al próximo invierno se complicaría enormemente, tanto por disponibilidad como por precio. Eso tensionaría los mercados energéticos europeos y podría trasladarse a la industria y al consumidor final. En petróleo, el efecto es más inmediato. El encarecimiento del crudo se refleja con rapidez en los carburantes, en el transporte y, en última instancia, en la inflación. Una subida sostenida tendría impacto directo en el crecimiento económico y en el poder adquisitivo de los hogares.
¿Y en España cuáles podrían ser las consecuencias?
España parte de una posición comparativamente más sólida en algunos ámbitos. En el sistema eléctrico, la situación es favorable gracias a las lluvias registradas en los primeros meses del año, que han dejado los embalses en niveles elevados. A ello se suma una elevada producción renovable, con viento, sol y una penetración creciente de energía solar fotovoltaica. Este contexto reduce la dependencia inmediata del gas para generación eléctrica y amortigua el impacto en el mercado mayorista.

Posibles consecuencias energéticas de la guerra en Irán – Antena 3TV Noticias Fin de semana (1 de marzo de 2026).
En cuanto al gas, las reservas españolas superan el 60%, lo que proporciona un margen de seguridad superior al de otros países europeos. Además, la infraestructura gasista y la diversificación de orígenes refuerzan esa resiliencia.
Por último, en lo que se refiere al petróleo, España cuenta con otro elemento diferencial. El sistema de refino es el más flexible y competitivo de la Unión Europea. Cada mes se procesan en nuestras refinerías alrededor de 30 tipos de crudo procedentes de unos 15 países distintos. En 2025, los principales suministradores fueron Estados Unidos, con el 15% de las importaciones, junto a México y Brasil. Esa diversificación garantiza el suministro físico.
Sin embargo, conviene no confundir seguridad de suministro con estabilidad de precios. Si el conflicto se prolonga y el crudo se dispara, el consumidor lo notará. No sería extraño ver precios de la gasolina y del diésel acercándose al entorno de los 3 euros por litro en pocos días.
En última instancia, todo depende del reloj. Una guerra breve, con una desescalada rápida y reapertura del estrecho, implicaría volatilidad intensa pero transitoria. Un cierre prolongado convertiría esta crisis en un shock energético global, con efectos sobre inflación, crecimiento y estabilidad financiera. Algo que ya se ha vivido recientemente con la invasión de Ucrania.

4. Otros costes: Sobre los conceptos anteriores añadimos otros costes directos, como la aportación al fondo de eficiencia energética, la financiación del bono social, el coste de adquisición de los certificados de origen de la energía 100% renovable, la tasa del 1,5% sobre el coste de la energía consumida a precio de mercado y el alquiler del contador que nos factura la distribuidora correspondiente.