El problema de los falsos excedentes en el autoconsumo colectivo

La gestión de la energía excedentaria es vital para la rentabilidad del autoconsumo fotovoltaico y en las instalaciones colectivas adquiere una relevancia especial con la aparición del  problema delos falsos excedentes.

La gestión de la energía excedentaria es vital para la rentabilidad del autoconsumo fotovoltaico y en las instalaciones colectivas adquiere una relevancia especial con la aparición del  problema delos falsos excedentes.

El problema de los falsos excedentes en el autoconsumo colectivo

Hacer un correcto diseño para minimizar el impacto de los excedentes en una instalación fotovoltaica no es una tarea sencilla. Por muchos factores que se hayan tenido en cuenta, en algún momento, sobrará energía y en otros faltará. Siempre, incluso, aunque se haya ajustado al máximo la curva de producción y la de consumo, habrá excedentes. Por eso, su gestión es fundamental para asegurar la rentabilidad total del proyecto. Sobre todo, en el ámbito doméstico que es donde tienen una mayor relevancia. En instalaciones individuales parece una tarea sencilla, pero en las colectivas la decisión se complica.

Sobre todo, porque hay que tener en cuenta que, en el estado del autoconsumo colectivo actual, lo que se realiza es un reparto estático de la energía producida. Idea fundamental y hasta ahí, todo bien. Hay una única instalación, lo que supone un ahorro considerable de los costes que se reparten entre todos los vecinos de la comunidad. Gran ventaja, sin duda. No es lo mismo que haya una única instalación de 100KW con gestión individual a que haya 100 de 1KW perfectamente compartimentadas en la cubierta. Probablemente ni habría espacio en el tejado para todas. Menores costes y mayor rentabilidad.

La buena gestión de los excedentes es fundamental para rentabilizar la inversión fotovoltaica, sobre todo, en el ámbito doméstico tanto individual como colectivo

Sin embargo, ese reparto estático funciona de tal manera que es como si cada uno de los usuarios de la instalación colectiva tuviera una individual. A cada uno le corresponde un porcentaje fijo de la energía que se mantiene invariable a lo largo del tiempo. Lo normal es utilizar un algoritmo de optimización para ver cuál es el porcentaje de utilización de cada uno. Suele haber limitaciones de tamaño, pero se debe hacer un reparto de la energía de forma que maximice el ahorro con diferentes potencias asignadas. En realidad, tan solo es una forma de compartir la instalación, pero no la producción. Sí, cada uno tiene su propio grado de abastecimiento y, por supuesto, sus propios excedentes, cuya gestión es algo más complicada.

Incluir una batería en la instalación aumenta el grado de autoabastecimiento y reduce el porcentaje de excedentes, pero hace que aumente la inversión

La gestión de la energía excedentaria en las instalaciones colectivas se complica y no hay más que echarle un vistazo a la opción de la batería para darse cuenta. Almacenar energía cuando no se utiliza y liberarla cuando se necesita. Más difícil de lo que parece con el reparto estático y solo hay dos posibilidades. Instalar una para cada usuario, demasiado costosa, o una única compartimentada para los diferentes puntos de suministro. Complejo, porque hay una única batería, muchos consumos diferentes, y la dificultad está en establecer las reglas de cuando carga y descarga. Fuente de conflictos. Así, con las baterías casi descartadas por su complejidad, en la actualidad, solo queda la inyección a la red como forma de rentabilizar los excedentes.

El problema de los falsos excedentes en el autoconsumo colectivo

Siempre los hay. No hay más que echar un vistazo por la ventana para darse cuenta que, ahora mismo, hay vecinos que no están en casa y otros sí. Los primeros están teniendo superávit y los segundos déficit de energía. Unos venden mientras otros compran. Hay excedentes incluso cuando hay consumo neto global de la red. En unos puntos de suministro individuales se consume y, a la vez, se liquidan excedentes en otros. Y ya se sabe, se pagan a un precio mucho menor que la electricidad que se compra. Por eso se llaman falsos excedentes. En realidad en la instalación no los está habiendo, pero económicamente se están valorando como tales.

La buena gestión de los excedentes es fundamental para rentabilizar la inversión fotovoltaica, sobre todo, en el ámbito doméstico

Pues bien, el reparto estático del autoconsumo colectivo no solo genera el problema de los falsos excedentes, sino que además lo multiplica. La razón es muy sencilla. Al tener cada usuario una parte fija siempre habrá desajustes por el reparto estático. Mientras unos consumen de más, otros lo harán por debajo de su porcentaje de autoabastecimiento asignado. Lo que sobra en un punto de suministro, falta en otro. Además, cuanto mayor sea el tamaño del colectivo más numerosas serán las desincronizaciones en el consumo. La solución a simple vista parece sencilla, ¿verdad? Compartir e intercambiar la energía solar excedentaria.

En eso, precisamente, consiste el autoconsumo fotovoltaico dinámico. Ni más ni menos. En vez de asignarse de forma fija la energía producida en la instalación, va cambiando, hora a hora, en función de las necesidades individuales. Además, a la vez hace desaparecer los falsos excedentes. Sí, se minimiza su impacto con una mínima gestión, se incrementa el grado de autoabastecimiento y, por supuesto, también aumenta la rentabilidad. Toda una revolución en el sector porque, además, con un buen diseño, permitiría compartir energía más allá incluso de una comunidad de vecinos. Todo un abanico de posibilidades se abre en la búsqueda de la máxima optimización de la energía del sol.

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