
Por dónde se pierde el calor de una casa y cómo evitarlo
Ventanas, paredes, tejados, suelos y pequeñas rendijas. Una vivienda pierde energía por muchos puntos distintos y no todas se comportan igual. Saber dónde están las principales fugas ayuda a entender por qué unas casas se mantienen confortables durante horas y otras se enfrían mucho antes.
Hogar, dulce hogar. Pocas sensaciones tan agradables como llegar a casa cuando está helando fuera y poner la calefacción. Está un rato encendida y al alcanzar la temperatura deseada se para y se apaga. Durante un rato la casa se mantiene confortable, pero en algunas casas esa sensación dura mucho menos de lo que gustaría. Al cabo de una hora (o incluso menos) el salón vuelve a estar frío y el sistema tiene que ponerse de nuevo en marcha. Sin embargo, eso no siempre significa que funcione mal. Todo lo contrario…
Muchas veces el problema está en lo que ocurre después de producir esa energía. Una parte se pierde hacia el exterior y la velocidad a la que lo hace depende mucho de cómo esté construida y aislada la vivienda. Ventanas, fachadas, cubiertas, suelos o pequeñas entradas de aire pueden marcar diferencias importantes. También influye algo tan sencillo como vivir en un ático, un bajo o un piso rodeado de vecinos. Por eso dos casas con los mismos metros cuadrados pueden necesitar cantidades muy distintas de energía para mantenerse confortables. La clave no está solo en conseguir calentarlas, sino en cuánto tiempo son capaces de conservar ese bienestar.
¿Por se enfrían tan rápido las casas? ¿Por dónde se escapa el calor?
Ventanas y cristales: uno de los puntos más delicados
Las ventanas suelen llevarse buena parte de la atención y tiene sentido. Las pérdidas a través de ellas pueden representar entre un 25% y un 30% de las necesidades de calefacción de una vivienda. Pero no todo depende del cristal. También cuentan el marco, las juntas, el tipo de apertura y el cajón de la persiana. Una ventana puede tener doble acristalamiento y, aun así, dejar entrar aire frío por un marco deteriorado o por una unión mal sellada.
El vidrio sí marca una diferencia. El doble acristalamiento puede reducir prácticamente a la mitad las pérdidas frente a un cristal sencillo. Hay una señal bastante fácil de reconocer. Si al sentarse junto a una ventana se nota más frío que en el resto de la habitación, aunque el termostato marque la misma cifra, probablemente esa zona esté influyendo en la sensación de confort.
Paredes: importa dónde estén situadas
No todas las paredes de una vivienda tienen la misma importancia. La que separa el salón de la casa del vecino apenas está expuesta a grandes diferencias térmicas. Una fachada exterior, especialmente si recibe poco sol o está orientada al norte, se enfrenta directamente a las condiciones de la calle. Aquí el aislamiento puede cambiar por completo el comportamiento del edificio. No hace falta pensar siempre en muros enormes. Unos pocos centímetros de material aislante pueden ofrecer una protección térmica muy superior a la de una pared gruesa construida con materiales poco aislantes. También explica por qué algunas paredes parecen “frías” al tacto durante el invierno. Aunque el aire de la habitación esté a una temperatura confortable, una superficie muy fría puede hacer que la estancia resulte menos agradable.

Por dónde se pierde el calor de una casa y cómo evitarlo (30 de octubre de 2026).
Suelos y techos: importa la altura de la vivienda
Todo el mundo lo sabe tampoco es lo mismo vivir en un ático que en un tercero. La posición dentro del edificio importa mucho.
- Un piso intermedio suele estar rodeado por otras viviendas. Puede tener vecinos arriba, abajo y a ambos lados. Eso reduce la superficie directamente expuesta al exterior.
- En un ático ocurre lo contrario. La cubierta queda justo encima y puede convertirse en uno de los puntos más sensibles si el aislamiento es deficiente. Por eso estas viviendas suelen sufrir más tanto durante los meses fríos como en pleno verano.
- Los bajos también tienen sus particularidades. Si debajo existe un garaje, un local sin climatizar o un espacio abierto, el suelo puede convertirse en otra vía de intercambio.
Y luego los chalets juega con unas reglas completamente distintas. Tiene más paredes exteriores, cubierta y, en muchos casos, suelo en contacto con zonas no climatizadas. Es decir, mucha más superficie por la que puede perder energía. Por eso los porcentajes generales sirven como orientación, pero no explican por sí solos lo que ocurre en cada vivienda.
Rendijas y otras pequeñas entradas de aire
No todas las pérdidas se producen lentamente a través de cristales o paredes. En ocasiones, el aire frío entra directamente desde fuera. Puede ocurrir en juntas deterioradas, puertas exteriores, marcos antiguos o cajones de persiana mal sellados. Son pequeñas entradas que pueden pasar desapercibidas durante meses, pero que afectan continuamente al confort interior. Una corriente junto a una ventana obliga al sistema de calefacción a compensar una entrada constante de aire más frío. Detectarlas no siempre requiere grandes medios. En un día frío basta muchas veces con acercar la mano a marcos y juntas para notar si existe una corriente. Los pequeños problemas pueden corregirse con burletes, masilla o silicona. No solucionan un aislamiento deficiente de toda la fachada, pero sí evitan algunas fugas fáciles de corregir.

Por dónde se pierde el calor de una casa y cómo evitarlo (30 de octubre de 2026).
Cómo evitar las pérdidas de calor en casa
No siempre hace falta una gran reforma. Una vivienda eficiente no es solo la que se calienta rápido. También es la que consigue conservar esa energía durante más tiempo.
Sellar juntas y pequeñas rendijas, colocar burletes o revisar los cajones de las persianas ayuda a frenar las entradas de aire frío. También conviene aprovechar el sol durante el día y cerrar persianas y cortinas cuando anochece.
La ventilación también cuenta. En invierno es preferible abrir varias ventanas durante unos minutos y generar corriente que mantener una entreabierta durante mucho tiempo. Así se renueva el aire sin enfriar en exceso paredes, muebles y otras superficies.
Y antes de subir el termostato, merece la pena mirar alrededor. Cada grado adicional puede aumentar alrededor de un 7% el consumo energético. Si el problema está en una ventana mal sellada, una cubierta poco aislada o una corriente constante, poner más calefacción solo compensa una pérdida que seguirá produciéndose.
Cuando el problema es estructural, mejorar el aislamiento de ventanas, fachadas, cubiertas o suelos puede reducir de forma importante las necesidades de climatización. En determinadas actuaciones, el ahorro puede acercarse al 30%.

4. Otros costes: Sobre los conceptos anteriores añadimos otros costes directos, como la aportación al fondo de eficiencia energética, la financiación del bono social, el coste de adquisición de los certificados de origen de la energía 100% renovable, la tasa del 1,5% sobre el coste de la energía consumida a precio de mercado y el alquiler del contador que nos factura la distribuidora correspondiente.