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Tres palancas para contener la crisis energética por la guerra en Oriente Próximo

Actualidad Energética, Factura de la luz, Gas y petróleo, Jorge Morales, Renovables y autoconsumo

Tres palancas para contener la crisis energética por la guerra en Oriente Próximo

Tres palancas para contener la crisis energética por la guerra en Oriente Próximo

Contener la crisis energética es posible, pero con límites. Estas son las claves para entender qué pueden hacer los gobiernos y qué no para minimizar el impacto de las subidas en el consumidor.

Cada vez que empieza a subir el precio de la energía… Todo el mundo se pregunta si nadie puede hacer nada por evitarlo y ese alguien se suele referir a los Gobiernos. Siempre se les exige que intervengan para evitar que el incremento llegue a las economías domésticas. Pero la realidad es bastante menos intuitiva de lo que parece. Porque los gobiernos no deciden cuánto cuesta el petróleo ni el gas. Esos precios se fijan en mercados globales, donde influyen factores geopolíticos, tensiones internacionales o decisiones que se toman a miles de kilómetros.

Eso sí, lo que sí pueden decidir es otra cosa bien distinta como cuánto de esa subida acaba llegando a empresas y consumidores. Es decir, no controlan el origen del problema, pero sí pueden influir en cómo se traslada a la economía. Y esa pequeña diferencia es en realidad clave. Justo ahí es donde entran las herramientas reales de política energética. Las tres palancas que permiten, no evitar una crisis, pero sí contener su impacto.

Lo que pueden hacer los Gobiernos (y lo que no) para contener la crisis energética

Reducción de la fiscalidad como primera línea de defensa

La primera reacción de muchos gobiernos ante una subida brusca de los precios energéticos suele ser fiscal. Medida que, por cierto, tiene todo el sentido del mundo. Una parte importante de lo que se paga por la energía son impuestos y la mayoría son proporcionales al precio, a lo que se paga. Así, cuando sube el coste del petróleo, del gas o de la electricidad, también aumenta automáticamente la recaudación por IVA u otros impuestos indirectos. Es decir, cuanto más caro es el producto, más ingresa el Estado por ese mismo consumo.

La bajada de impuestos no es una solución estructural ni permanente, pero sí es la herramienta más inmediata y, probablemente, la más visible desde el punto de vista político.

Esto abre una vía relativamente rápida de actuación. Reducir temporalmente esos impuestos permite contener el impacto en la factura final sin intervenir directamente en el mercado internacional. También sin mermar la capacidad recaudatoria de los Estados que luego se utiliza para sanidad, educación…Además, es algo que ya se ha visto recientemente durante la crisis energética derivada de la guerra de Ucrania. Bajadas de IVA, reducción de impuestos especiales o medidas similares permitieron suavizar, al menos parcialmente, el golpe para consumidores.

Regulación del mercado eléctrico

Esta segunda palanca es algo más compleja, pero también más potente. Como todo el mundo ya debería saber… El precio de la electricidad en Europa se fija mediante un sistema marginalista, en el que todas las tecnologías cobran el precio de la más cara que entra en cada momento, que suele ser el gas. Esto genera una situación peculiar. Incluso las tecnologías más baratas, como las renovables o la nuclear, acaban cobrando un precio elevado cuando el gas se dispara. En contextos normales, este sistema tiene sentido porque incentiva la inversión en tecnologías más limpias y eficientes. Así, ha sido desde hace muchos años.

Pero en momentos de crisis puede producir efectos difíciles de justificar desde el punto de vista económico y social. Ahí es donde entran medidas como la llamada excepción ibérica. España y Portugal introdujeron un mecanismo para limitar el impacto del gas en el precio de la electricidad, evitando que toda la energía se pagara al coste más alto. Lo cierto es que este tipo de intervenciones no son sencillas. Requieren acuerdos a nivel europeo, tienen implicaciones regulatorias complejas y no siempre son replicables en todos los contextos. Sin embargo, demuestran que, incluso dentro de un mercado global, existen márgenes para actuar sobre cómo se trasladan los precios a los consumidores.

Tres palancas para contener la crisis energética por la guerra en Oriente Próximo - En casa del Herrero de Es radio (6 de marzo de 2026)

Tres palancas para contener la crisis energética por la guerra en Oriente Próximo – En casa del Herrero de Es radio (6 de marzo de 2026)

Cambio de modelo energético para reducir la dependencia

Por todos estos motivos, la solución es a más largo plazo. La tercera palanca es, con diferencia, la más importante y también la más lenta. Definir una nueva política energética a largo plazo no es algo que se haga de un día para otro. Más allá de medidas fiscales o regulatorias, el verdadero problema de fondo es la dependencia. Economías como la española siguen apoyándose en gran medida en combustibles fósiles importados, especialmente en sectores clave como el transporte o la calefacción. Esto significa que cada vez que hay una tensión en los mercados internacionales (y pasa más a menudo de lo que se piensa), el impacto es prácticamente inevitable.

Reducir esa vulnerabilidad no se consigue con decisiones de corto plazo. Requiere transformar el modelo energético. Electrificar el transporte, sustituir sistemas de calefacción basados en gas por soluciones como la aerotermia, y seguir desarrollando generación renovable son pasos en esa dirección. La lógica es sencilla… cuanto más dependa una economía de recursos propios (como el sol o el viento), menos expuesta estará a las turbulencias externas. Es un proceso largo, pero es el único que realmente reduce la exposición a futuras crisis.

Lo que marca la diferencia en las crisis energéticas

En una crisis energética, los gobiernos no se mueven en un escenario ideal, sino en uno de urgencia constante. Las decisiones tienen que tomarse rápido, con mercados tensionados y con un impacto directo sobre ciudadanos y empresas. Ahí es donde entran en juego las tres palancas. La fiscalidad permite contener el golpe a corto plazo. La regulación puede evitar que determinadas distorsiones amplifiquen el problema. Pero ninguna de las dos cambia el fondo de la cuestión. Porque el verdadero margen de maniobra no se decide en medio de la crisis, sino mucho antes. En el nivel de dependencia energética de cada economía. Esa es la diferencia clave. No es tanto cuánto sube el precio de la energía, sino cuánto te afecta cuando sube.

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