
Quitarse la corbata para ahorrar energía: ¿gesto simbólico o medida efectiva?
¿Quitarse la corbata para ahorrar energía es solo un gesto simbólico? La vestimenta influye en la temperatura de confort y puede evitar que oficinas y espacios públicos enfríen más de lo necesario en verano.
Un año más la escena ha vuelto a llamar la atención y ya no debería hacerlo. En el Congreso de los Diputados, el presidente del Gobierno y algunos de sus ministros han acudido al hemiciclo sin corbata. Un detalle aparentemente menor, casi de protocolo, que ha terminado abriendo una pregunta mucho más interesante: ¿tiene algo que ver la ropa que se lleve puesta con la energía que consume un edificio? La respuesta es sí y bastante más de lo que parece.
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No porque una corbata consuma electricidad por sí sola, claro. El problema aparece cuando se mantienen códigos de vestimenta propios de otra época mientras se intenta climatizar oficinas, centros de trabajo o espacios públicos en pleno verano. Chaqueta, camisa de manga larga y corbata. Después, aire acondicionado a una temperatura tan baja que buena parte de quienes trabajan allí necesitan una chaqueta para no pasar frío. Algo no termina de cuadrar.
El confort no depende solo del termostato
23 grados centígrados es la más habitual… Cuando se habla de la temperatura adecuada en una oficina, se suele pensar únicamente en el aire acondicionado. Subir o bajar un grado, ponerlo más fuerte o flojo. Sin embargo, la sensación de confort depende de muchos más factores. Influyen otros como la actividad física, el metabolismo y, por supuesto, la ropa que se lleva puesta. No siente igual una temperatura quien está sentado todo el día frente a un ordenador que quien se mueve de una reunión a otra. Tampoco quien lleva ropa ligera que quien mantiene un atuendo de invierno en julio. Por eso, adaptar la vestimenta a las temperaturas no es una cuestión de informalidad. Es, sencillamente, sentido común. Y también eficiencia energética.
El problema de enfriar para mantener la corbata
En muchos espacios de trabajo se sigue produciendo una situación bastante absurda. Es decir, se enfría toda una oficina para que algunas personas puedan llevar chaqueta y corbata sin pasar calor. El resultado es conocido por casi todos. Fuera, temperaturas de verano; dentro, gente con rebeca, chaqueta o incluso una manta sobre las piernas. No solo es incómodo. También implica gastar más energía de la necesaria. Además, no todos tenemos la misma percepción térmica. En general, los hombres suelen tener un metabolismo más alto que las mujeres y los niños, por lo que pueden necesitar temperaturas más bajas para sentirse cómodos. Así que mantener una oficina demasiado fría para cumplir con un código de vestimenta determinado suele trasladar el problema a otras personas, que terminan trabajando con frío en pleno verano.
La pregunta debería ser bastante sencilla: ¿tiene sentido consumir más electricidad para conservar una norma de vestimenta que ya no responde ni al clima ni a la forma en la que trabajamos?

Quitarse la corbata para ahorrar energía: ¿gesto simbólico o medida efectiva? – La tarde de COPE (18 de junio de 2026).
Quitarse la corbata no solucionará la crisis energética, pero ayuda
Evidentemente, nadie va a resolver el consumo energético de un país por dejar la corbata en casa. Pero los pequeños gestos también importan cuando permiten cambiar hábitos poco eficientes. Vestir de forma más ligera en verano permite elevar ligeramente la temperatura de climatización sin perder confort. Y ese pequeño ajuste, repetido en miles de oficinas, comercios, administraciones y espacios públicos, sí puede tener un impacto relevante en el consumo eléctrico. La eficiencia energética no siempre consiste en grandes inversiones, reformas complejas o tecnología de última generación. A veces empieza por revisar costumbres que damos por hechas. Como esa idea de que, para parecer profesional, hay que pasar calor por la calle y frío dentro de la oficina.
Más sentido común y menos chaquetas en verano
La corbata seguirá teniendo su espacio. En invierno, en eventos formales o en contextos donde el protocolo realmente lo requiera. Pero convertirla en una obligación diaria durante una ola de calor no parece la mejor manera de cuidar ni el confort ni la factura energética. La imagen del Congreso sin corbatas puede quedarse en una simple anécdota política. O puede servir para recordar algo bastante básico: la temperatura de un edificio no debería adaptarse a la ropa más calurosa de sus ocupantes. Porque ahorrar energía no siempre exige grandes sacrificios. A veces basta con aflojarse el nudo.

4. Otros costes: Sobre los conceptos anteriores añadimos otros costes directos, como la aportación al fondo de eficiencia energética, la financiación del bono social, el coste de adquisición de los certificados de origen de la energía 100% renovable, la tasa del 1,5% sobre el coste de la energía consumida a precio de mercado y el alquiler del contador que nos factura la distribuidora correspondiente.